Presentado por » William Marín Osorio» – Cali, Valle del Cauca – 22 de Julio del 2026 – Librería OROMO

Presentación del libro “Sendas extraviadas. Ensayos para vivir en el mundo que nos queda”, del escritor dominicano radicado en los Estados Unidos, Juan Valdez, profesor e investigador de alto nivel en la Universidad de Stanford. Igualmente, un saludo para quienes nos siguen en las redes sociales y que ahora están conectados, un fuerte abrazo.
Desde aquella lejana mañana en que leí con asombro “El jardín de senderos que se bifurcan» de Borges, y a medida que mis ojos se deslizaban por esos caminos de palabras como serpientes inquietantes, me extraviada sin saberlo por un frondoso bosque habitado por el peligro como en los cuentos de hadas, hasta llegar a un centro donde palpitaba el significado y el sentido. Del mismo modo, hace ya una década que en busca del dominicano Pedro Henríquez Ureña, me encontré o mejor me extravié por los caminos interiores de Juan Valdez, el intelectual excelso que nos acompaña esta noche.
Pero todavía antes, y también sin saberlo me había encontrado en la lectura de un pequeño ensayo periférico, no académico, del escritor argentino Ernesto Sabato, que era una semblanza del Pedro Henríquez Ureña maestro de una generación de intelectuales que como él habían sido afectados de algún modo por su presencia y especialmente por sus gestos como señalarían Borges en el famoso prólogo a Obra crítica, la selección de ensayos que hiciera Emma Susana Esperati Piñeros, Mondragón, Reyes Ezequiel Martínez Estrada, Rodríguez Feo, Juan Jacobo de Lara, José Luis Martínez, entre otros. Exponentes todos ellos de la academia y de la periferia en sus reflexiones sobre la vida y la muerte.
Estamos en el Barrio Ingenio de Cali, en la Librería Oromo, un espacio independiente dentro de la ciudad de Cali que debe su nombre, como señalan sus propietarios, a un grupo étnico de Etiopía, África, región del mundo en donde históricamente tiene origen el café nuestro. Oromo se constituye así en un librería café que le da visibilidad a los grupos humanos víctimas de la violencia, campesinos y actores armados desmovilizados que han hecho del café parte de su economía personal y familiar en su proceso de integración a la sociedad civil. Oromo es de este modo, un espacio simbólico para hablar de inclusión social, tolerancia, encuentro con el otro, democracia, identidad cultural, respeto, amistad, comprensión del lugar del otro en el mundo.
En este contexto humano y humanizador, nos encontramos con el profesor y amigo Juan Valdez quien obtuvo su Doctorado (PhD), en The Graduate Center de The City University of New York, en Sociolingüística Hispánica (2008), su Maestría (MS), en The City College de The City University of New York, en Educación Bilingüe, y su Licenciatura (BA), en el Hamilton College, en Literatura Comparada.
Como reza en su dossier de Stanford University, donde es profesor e investigador de alto nivel “Juan R. Valdez es docente y escritor. Disfruta de la enseñanza como un medio para ayudar a los estudiantes a desarrollar al máximo sus habilidades comunicativas, al tiempo que cultivan un sentido crítico de comunidad y convivencia en un mundo diverso y complejo. Juan se inscribe en la tradición de los intelectuales cimarrones y socionaturalistas a quienes les gusta transitar entre la ciudad y la naturaleza salvaje, así como entre la ciencia y la literatura. Sus escritos exploran las experiencias, visiones e historias de aquellos que recorren la tierra dejando apenas huella”
Entre sus libros, ensayos académicos que son un camino que nos invita a extraviarnos en su laberinto de emociones e ideas, se destacan: “Tracing Dominican identity: the writings of Pedro Henríquez Ureña” (Rastreando la identidad dominicana: los escritos de Pedro Henríquez Ureña) (Palgrave Macmillan, 2011), texto que amplía sus perspectivas reflexivas en su libro “En busca de la identidad: la obra de Pedro Henríquez Ureña” (Ediciones Katatay, 2015). Libros que giran en torno a la figura intelectual del escritor dominicano Pedro Henríquez Ureña, llamado Maestro de América por el escritor argentino Jorge Luis Borges, quien fue su amigo y compañero de aventuras intelectuales y editoriales y en la revista Sur de Victoria Ocampo. Hay un ensayo sobre la península de Samaná y las tensiones lingüísticas y sociales entre Haití y República Dominicana que dejan abierta las otras tensiones entre el poder de los políticos, los historiadores y la escuela como aparato ideológico del estado en el que se prescribe e impone un sistema lingüístico que es el de quienes detentan el poder, en este ensayo camino, en este sendero me perdí y me hundí en su follaje y en su selva oscura, hoy me encuentro en este lugar con su artífice que me enseñó a Samaná y sus corrientes sumergidas, el lugar más hermoso del mundo. En su libro que presentamos esta noche, publicado en agosto de 2024 en la Universidad Autónoma Metropolitana-UAM, “Sendas extraviadas. Ensayos para vivir en el mundo que nos queda”, el autor realiza una serie de reflexiones que se constituyen en senderos que se bifurcan, ensayos sobre el caminar «sin rumbo» que exploran, como señala el autor “la posibilidad de superar nociones políticas peligrosas, el racismo absurdo y la locura consumista. Asimismo, propone fortalecer nuestro sentido de lugar y pertenencia en el mundo mediante el cultivo de nuestra relación con la naturaleza”
El autor de estos caminos sin rumbo, advierte que cuando no está en los asuntos propios de la academia como escribir, pensar y enseñar, se dedica a otra forma de escribir con los pies practicando el senderismo, cuidando sus plantas y contemplando y viviendo el mundo con sentido del humor.
He aquí pues el hombre sin atributos, el alter ego de Ulrich, el idealista sin objetivos, cuyo énfasis en la vida es poner el acento en el sentimiento y la emoción en el marco de una sociedad de valores antipoéticos, burguesa, superficial, Valdez quien con su libro que presentamos hoy ha hecho un paréntesis en su vida y en la nuestra también, al decidir acudir a su cita y tomar este camino que se bifurca para escuchar su palabra cimarrona, para decidir qué hacer con nuestras vidas en un mundo que ha olvidado el ser como diría Kundera, en medio del frágil mundo que nos queda, fragmentado por las paradojas de la modernidad y la crisis de la razón; con Juan Valdez contamos esta noche para apalabrar este lugar con su sensibilidad que viene resonando en sus genes desde Àfrica, sensibilidad sobre un mundo que nos oprime y al que quiere indagar y responder con decoro y firmeza, con otra forma del ensayo cimarrón no ortodoxo ni intelectual que resuena desde la lejana Àfrica en su mirada cimarrona que circula en sus venas, la misma de la gran tradición de resistencia y defensa de los derechos civiles de Manuel Zapata Olivella, Nicolás Guillén, Abdias do Nascimento, Frantz Fanon, Gustavo Urrutia, las luchas de los afrodescendientes de Harlem, Martín Luther Kinf, Malcolm X, Mahatma Gandhi, Nehru, Indira, de Tahar Ben Jellon de la escuela vacía y El racismo explicado a mi hija, la misma de Sufrìan por la luz, la misma de Hermann Hesse y su Lobo estepario, la de Pablo Picasso y sus señoritas de Avignon y el Guernica, la de la larga tradición del pensamiento complejo y ambientalista en busca de la defensa de la naturaleza, lo humano y el cultivo de la humanidad, cuya cruzada ha sido liderada en nuestro tiempo por Anna Harent, Robert Musil, Edgar Morin, Martha Nussbaum, Zytmunt Bauman, Susan Sontag, Alejandra Pizarnit, Stefan Sweig, Rubén Darío, Ángel Rama, Pierre Bourdieu, y que tienen sus antecedentes en Montaine, en Emily Dickinson, Walt Whitman, Henry David Thoreau, William Wordsworth, en el arte y en la poesía de todos los continentes, en el pasado del budismo zen con Ikkyu Sojun quien cultivó la poesía en medio de turbulencias sociales y sangrientas revoluciones, en el proyecto educativo y sensible de Simón Rodríguez, Andrés Bello y Domingo Faustino Sarmiento. En este libro cimarrón habitado de voces diversas de hombres y mujeres de la tierra y el agua, preocupados por el otro y la otra en busca de nuestra identidad planetaria, enseñándonos y recordándonos nuestra condición humana, aparece el Juan Valdez que cuenta, el de carne y hueso, el de la diáspora africana, el imprescindible en nuestro aquí y nuestro ahora, el intelectual formado en la academia norteamericana, pero el hombre que hunde sus raíces en la búsqueda incesante de nuestra propia expresión, nuestra mayoría de edad, porque no somos inferiores sino distintos como alguna vez afirmó otro insigne ensayista dominicano, Pedro Henríquez Ureña, afirmando, de paso nuestra posición crítica frente a Europa y los Estados Unidos.
Gracias Juan por permitirme estar contigo esta noche hablando de lo humano que nos convoca siempre cuando escribimos y a ustedes por acudir a esta cita en el marco de estos senderos extraviados.
Quiero hacer una serie de preguntas, para conectarnos con el pensador y el hombre sensible y también para que quienes están presentes y los que nos siguen por diversas plataformas de streaming puedan también interactuar con nuestro invitado especial:
Juan, ¿Por qué te extraviaste? ¿cuál es el origen de este libro en donde sin duda estás extraviado aún y donde nos has extraviado deliberadamente a nosotros los lectores de tu obra? ¿Y por qué se siente que son muchos libros, un libro plural como diría Barthes, habitado de murmuraciones infinitas en donde quieres darle cabida a todos y a todas las miradas cimarronas en un mundo en crisis? ¿Es el extravío una forma del camino? Hago estas preguntas, porque veo que el intelectual con una sólida trayectoria académica en lingüística caribeña e identidad dominicana decide en esta apuesta escritural de otro ensayo romper con la rigidez de academia durante la pandemia para escribir algo tan personal.
¿Qué tan difícil o liberador fue soltar el lenguaje técnico de la academia para dar paso a una voz mucho más íntima, ensayística y personal?
Mencionas que el libro se gestó haciendo senderismo, caminando por las montañas y leyendo a naturalistas. ¿Cómo se traduce el acto físico de caminar y perderse en la montaña al acto de escribir? ¿Es el ensayo, por definición, un género que se escribe con los pies?
Por otra parte, según observo, el libro cuenta con ilustraciones de Renata Galindo. Puedes mencionar ¿cómo el arte visual dialoga con la idea de la naturaleza y los caminos que se bifurcan? Es inevitable recordar aquí el famoso cuento-ensayo de Borges, El jardín de senderos que se bifurcan. Yo personalmente aún me encuentro extraviado en ese jardín de palabras.
La mirada cimarrona. Este concepto es sumamente poderoso. Conectas la experiencia de los afrodescendientes que escapaban a los montes (los cimarrones) con una filosofía de supervivencia actual. ¿Cómo puede una persona común, en pleno 2026, atrapada en la rutina urbana, adoptar una «mirada cimarrona» para defender su autonomía, su humanidad o lo que todavía queda de humanidad en su vida’
Dices que este libro va dirigido tanto a defensores de la naturaleza como a escépticos y gente desesperada por las noticias del día a día. Si pudieras elegir una sola idea de tus Sendas extraviadas para regalarle a un lector que ha perdido por completo la esperanza en el futuro del planeta, que vive en precariedad económica y vital, que se ha sumergido en el pozo sin fondo de las drogas, que busca a Dios como en un cuento de Borges, ¿cuál sería?
¿Escribir para ti es una forma del regreso? Regresas cada vez que escribes a lo que PHU denominó la magna patria americana, República Dominicana y por extensión a Latinoamérica, la Latinoamérica del caribe, la latinoamericana indígena, la latinoamericana andina?
¿Qué significa ser un dominicano en la vida social y académica de los Estados Unidos? ¿Qué significa ser un migrante y si esa condición ha determinado tu obra y tu destino personal y familiar?



