FOTOPERFORMANCES

Valentina Buriticá Orozco

Estudiante de Filosofía (2026-1. Grupo 4. Cátedra de Paz. Docente: Luisa Marulanda Gómez).

FLORECER

A veces hay sombras dentro de nosotros que no nos permiten desenvolvernos como queremos, o como sentimos que deberíamos hacerlo en la sociedad. Cuando el cuerpo pesa más de lo normal, cuando, aun con todas tus fuerzas, anhelas salir a tomar el sol, hay algo más allá que te lo impide. Cuando sientes una presión en el pecho tan profunda que respirar se vuelve difícil, y, aun estando rodeada de personas que te aman y de comodidades que facilitan tu vida, sigues sintiéndote vacía… como si nada lograra llenar ese dolor.

Entonces crees que solo hay una salida para dejar de sentir eso tan intenso que te abruma día a día: la muerte, tan temida y, al mismo tiempo, tan anhelada. Por eso duermes tanto, porque es la única forma de escapar de ese día a día que pesa y no te deja descansar.

Pero un día decides hacer un último esfuerzo por ti. Aceptas ser ayudada, permites que alguien te oriente y, para tu sorpresa, algo empieza a cambiar. Ahí comienza un nuevo camino, un renacer: volver a tus raíces, abrazar a esa niña interior que se sintió sola durante tanto tiempo, acompañarla, escucharla y aprender a ser paciente con ella.

Empiezas un proceso de autodescubrimiento y autocuidado, y, aunque sigue siendo doloroso, poco a poco aprendes a reconocer tus emociones, a nombrarlas y a habitarlas sin que te consuman. Y es ahí donde tu alma comienza a florecer de nuevo: te nacen tallos en las piernas para sostenerte, brotan pétalos en tu rostro y, con ellos, llegan los polinizadores… a veces en forma de personas, de palabras, de encuentros inesperados, de pequeños gestos que traen consigo vida. Son presencias que no te salvan, pero te acompañan; que no te completan, pero te nutren, ayudando a que ese florecer continúe.

Entonces entiendes que quizá algunos pétalos volverán a marchitarse, pero será parte del ciclo, para dar paso a otros aún más hermosos. Y tus raíces, ahora más profundas, ya no permitirán que tu tallo vuelva a caer.

Sebastián Peláez Chica

Estudiante de Ingeniería Electrónica (2026-1. Grupo 2. Cátedra de Paz. Docente: Julio César Murillo).

TRAVESÍA HACIA LA LUZ

Buscando un calor divino, hallé una llama frágil nacida de mi propio esfuerzo. Mientras la cera chamuscaba mi piel, comprendí que la luz no es un anhelo, sino lo que se logra crear. No somos un pábilo solitario en la oscuridad, sino el brillo de nuestros encuentros y aprendizajes.

Kimberly Muñoz Bravo

Estudiante de Ingeniería Electrónica (2026-1. Grupo 2. Cátedra de Paz. Docente: Julio César Murillo).

ENTRE LO QUE FUE Y LO QUE SOY

La memoria no siempre se queda en el pasado; a veces permanece en el cuerpo y en la forma de habitar el presente. Las experiencias vividas dejan huellas silenciosas que, aunque no siempre se comprenden, siguen influyendo en lo que soy hoy.

En el presente, ese peso se convierte en una búsqueda constante. Entre dudas y momentos de cansancio, intento comprender mi historia sin perderme en ella, encontrando pequeños espacios de calma que me permiten mirar hacia adentro.

Aun así, dentro de ese proceso persiste la intención de seguir adelante. Como un brote que crece después de la herida, la esperanza aparece poco a poco, recordándome que es posible transformar el dolor en aprendizaje y construir un nuevo camino.

Keidy Vanessa Maturana

Estudiante de Administración Ambiental (2026-1. Grupo 1. Cátedra de Paz. Docente: Luisa Marulanda Gómez).

MEMORIA Y VISIBILIZACIÓN

La denuncia frente a la violencia se manifiesta en el cuerpo y en el silencio, reflejando el miedo y aquello que no puede decirse. Al principio, pasamos por un momento en el que el dolor se oculta y permanece invisible. Después, el silencio se rompe y se transforma en una forma de expresión que reclama ser reconocida. La violencia no solo hiere físicamente. También silencia. Sin embargo, cuando se visibiliza, se convierte en un acto de resistencia. Es un llamado a no ignorar estas realidades y a generar conciencia para que el silencio deje de ser parte del problema.

Isaac Marín Parra

Estudiante de Ingeniería Industrial (2026-1. Grupo 1. Cátedra de Paz. Docente: Luisa Marulanda Gómez).

EL PESO QUE SE DEJA ATRÁS

Entre la espesura, donde la guerra alguna vez trazó su camino, un hombre se detiene. Carga en sus manos no solo un arma, sino el peso de un pasado que aún respira en el presente. Entonces, sin ruido, la deja tocar la tierra, como si devolviera todo aquello que nunca debió sembrarse. Da un paso atrás y se marcha, no huyendo, sino eligiendo otro destino. Y en ese gesto sencillo comienza a dibujarse la posibilidad de un futuro distinto.

José Emanuel Valencia Patiño

Estudiante de Ingeniería Eléctrica (2026-1. Grupo 4. Cátedra de Paz. Docente: Luisa Marulanda Gómez).

ALGUIEN QUE ABRAZÓ SU CORAZÓN

Fueron suficientes los señalamientos, los insultos, los horrendos comentarios, la espalda de muchas personas, el maltrato y esas miradas, esas miradas invasivas que se sentían como un escáner de cuerpo completo, miradas en las que se notaba el asco.

A todo ese pasado, en el que incluso yo mismo me desprestigiaba como consecuencia de la normalización de esos prejuicios, pude mirarlo de frente, sin temor, sin miedo, sin clavar los ojos en el suelo.

En el momento en que pude mirar de frente, todo mi ser, mi alma, se desconfiguró; se reinició.

Todas esas “X”, que simbolizan la violencia estructural y que fue sistematizada por personas ajenas a esa realidad, fueron miradas, aceptadas, abrazadas y transformadas. Unas se transformaron en colores; otras, en distintas formas; otras, en hobbies; otras, en indignación, en amor, en reflexiones… y muchas más simplemente se disolvieron hasta desaparecer, entre lágrimas, gritos y muertes. Y aún quedan algunas pocas con las que sigo luchando.

Quiero lograr verme en esas distintas transformaciones que siento que me faltan y por las que tendré que pasar, pero de las cuales gozaré. Quiero verme ayudando a otras personas a mirar de frente todo lo que han puesto sobre sus hombros; quiero poder ser alguien que ayude, que fomente o sea símbolo de abrazos, de procesos de memoria, de resignificación, de reconocimiento mutuo, de empatía y de perdón.

El título de mi futuro es: Cuando sea grande, quiero ser un ente emancipador.

Yulieth Camila Salas

UNA MIRADA A LA INFANCIA

Todo parte de los ojos llorosos de una niña que, a sus dos años, se encuentra con su familia en medio de un enfrentamiento de grupos armados. Son esas lágrimas de angustia, sin saber por qué las paredes de su hogar están siendo traspasadas por balas; aún retumba el recuerdo del grito de su madre diciendo “¡los niños!”, mientras su padre levanta colchones para protegerse. Es con el paso del tiempo, por medio de la educación y de esos tejidos de aprendizaje, que ella comprende aspectos que en su infancia eran mencionados con preocupación por los familiares que quedaron en el territorio. Llegó un punto en el que se preguntó: ¿qué se podrá hacer por esos niños y niñas que día a día viven rodeados de violencia?, ¿por aquellos que no conocen otra realidad que la constante pérdida?

Para un mañana, esos senderos rocosos de olvido y poca atención educativa pueden iluminarse por la vocación de ir cuando muchos dicen no y de mirar a la infancia cuando otros prefieren ignorarla.

Nahela Alejandra Bastidas

Estudiante de Ingeniería Electrónica (2026-1. Grupo 1. Cátedra de Paz. Docente: Luisa Marulanda Gómez).

EN CONTRA DE MÍ

La carga emocional asumida a una edad temprana se manifiesta en el cuerpo y en la forma de habitar el presente. Esta serie expone un proceso en el que el cuidado se invierte, y quien debía ser sostenida termina sosteniendo, guardando en silencio experiencias que no alcanzaban a comprenderse. En el presente, esa carga no desaparece; se convierte en una lucha constante que me pone entre la espada y la pared, buscando salidas mientras mi mente deja de ser coherente y se deja arrastrar por recuerdos y emociones del pasado. Es un estado de tensión donde lo vivido sigue interfiriendo, desordenando y pesando. Sin embargo, dentro de ese mismo conflicto, también persiste la intención de no quedarse ahí, de salir adelante y empezar a reconstruirme sin seguir habitando el mismo lugar emocional.


Los foto-performances que se presentan a continuación son el resultado de un ejercicio de exploración corporal, conceptual y afectiva en torno a las nociones de violencia, memoria y esperanza. A partir de tres imágenes —pasado, presente y futuro— lxs estudiantes asumieron sus propios cuerpos como archivo y lugar de enunciación para, a través de gestos, movimientos y silencios, representar la manera en que los hechos violentos se inscriben en las corporalidades y se transforman, poco a poco, con el movimiento permanente de la vida. Estas piezas condensan una búsqueda íntima, que es individual y a la vez colectiva: la intención de comprender cómo se recuerda un hecho doloroso, cómo se le resignifica desde el ahora y qué horizontes se abren cuando la memoria se convierte en un acto de germinación de otros presentes y futuros posibles.

Diego Fernando Obando Arteaga- Estudiante de Etnoeducación (2024-2. Docente: Luisa Marulanda Gómez)

“Como caminante y retratador de momentos para la posteridad, sostengo con mi cuerpo el peso de una historia matizada con gamas de grises. Con mi cámara, testigo silencioso, honro y capturo primero la trayectoria vital de ese legado familiar, donde la llama del amor con sus cariñitos, pese a los desvelos, quebrantos, penumbras y ausencias, nunca se disipó.

En el presente, me observo a través del visor. Aquí, en esta metafoto, mi memoria activa, ese proceso dinámico del que habla Elizabeth Jelin, superpone el álbum familiar sobre mi cotidianidad. No solo recuerdo; reflexiono y reinterpreto. El pasado con sus luces y sombras dialoga con el aquí y el ahora, tejiendo memorias intersubjetivas, introyectadas y significadas.

Finalmente, celebrando mi horizonte: camino. Pasito a pasito, poquito a poquito sobre el sendero de lo porvenir cargado de misterio y asombro, proyecto con doble exposición un collage de rostros sublimes y las palabras eternas del amor de 1 Corintios. Camino, no para olvidar, sino para sanar y resignificar. La cámara, ahora, no retrata heridas, sino el entramado que construyo con esperanza y con fe: un futuro donde la memoria como dinámica abierta y plural, fecundada por el amor, siembra paces”.

Laura Valentina Zapata Ortiz- Estudiante de Filosofía (2025-2. Grupo 4. Cátedra de Paz. Docente: Luisa Marulanda Gómez)

“De la diversidad de animales sobre la faz de la tierra, me atrevería a decir que, el animal humano, es el más frágil de todos. Esa fragilidad lo lleva a la dependencia… de sus padres, de la familia, de la religión, de la sociedad. Aún así ¿Qué es el mundo sino una violenta indiferencia? 

Somos pequeños para el universo, pero inmensos para nosotros mismos, por eso magnificamos lo que sentimos, lo que somos, lo que pensamos, lo que creamos. 

Por eso nos duele no ser aceptados

Por eso reclamamos ser amados

Por eso nos vemos forzados a la metamorfosis. 

Lo inconmensurable del volcán es su capacidad de habitar con el fuego propio. Así mismo, la belleza del animal humano es su capacidad de habitar tiernamente el absurdo.

Por eso, aunque la vida sea incierta, y aunque no tenga sentido, eso no quiere decir -como pensaba Camus – que no valga la pena vivirla. 

Quizá la paz, como piensan en Oriente, comience con la aceptación de estas cosas”.

Sebastián Contreras Montoya- Estudiante de Etnoeducación (2025-2 Grupo 4. Cátedra de Paz. Docente: Luisa Marulanda Gómez)

“En la memoria, la violencia  encarnada en la familia y en mí. Las víctimas del estado son también las que mueren en el colapso de un sistema donde la vida es un número, una cifra, un mero cálculo de costo-beneficio. Esto es la lógica del Biopoder: el poder que ya no reprime, sino que administra la vida.

El sistema de salud podrido es biopolítica en acción. Su objetivo no es curar, sino gestionar cuerpos, optimizar recursos, convertir la vida en dato.

La negación de un medicamento es el poder decidiendo qué vida es un gasto. Es el derecho de hacer morir o dejar vivir.Desde que la vida se hizo negocio, y el poder descubrió que su territorio no era la tierra, sino los cuerpos. Por eso duele: no es un fallo, es un diseño. Reconocer esta violencia que nos convierte en cifras es el primer paso para exigir que toda vida sea irreducible a un número. 

Y al final del camino, quisiera una vejez acompañada, una casa compartida donde el cuidado sea un acto mutuo, un intercambio de presentes, una mano que sostiene a otra mano sin calcular el costo”.

Luisa Cardona Correa- Estudiante de Etnoeducación. (2025-2. Grupo 1. Cátedra de Paz. Docente: Luisa Marulanda Gómez)

“Como quien transita su propia historia y reconoce en ella las huellas de la carencia, llevo conmigo un pasado marcado por la violencia estructural, esa que se filtra silenciosa en la infancia a través de la escasez, la precariedad y los vacíos que deja la desigualdad. En la primera imagen, mi cuerpo se encuentra frente a lo que alguna vez fue señal de ausencia: la carta de una foto que guarda lo poco que quedaba, el sartén vacío que hablaba por sí solo, los días en los que incluso lo más básico parecía inalcanzable. 

En la segunda imagen, mi cuerpo conversa con los objetos que significaron límite: la fruta partida, el arroz contado, los recuerdos enmarcados en una vida que aprendió a resistir al hambre y a la incertidumbre. Desde allí, desde ese territorio íntimo donde la pobreza se volvió paisaje cotidiano, mi memoria –ese tejido vivo del que hablan las pedagogías de la paz– se enciende y se reconoce.

Hoy, en el presente que habito, mi ser se abre paso en un paisaje distinto, no para negar lo vivido, sino para hacerlo semilla. Por ello, en la tercera imagen aparecen la vida que brota, el libro que resignifica, el arte, las plantas y el acto creativo que me recuerdan que también soy fruto de la resistencia. Mi presente germina sobre un suelo áspero pero fértil, y es entre lo vivido y lo soñado donde siembro la posibilidad de un futuro distinto, uno en el que la memoria libera, orienta y siembra paces”.

Maria Camila Ramírez Realpe – Estudiante de Administración Ambiental. (2025-2. Grupo 4. Cátedra de Paz. Docente: Luisa Marulanda Gómez)

“En mi memoria habitan fragmentos de violencias silenciosas; de presiones y represiones familiares y no familiares. Emociones que, tal vez heredadas durante años, moldearon formas de ser que no pertenecían a mí. La vida misma me enseñaba a moverme entre máscaras en lugar de escuchar mi propia voz. 

Comprender ese pasado ha sido reconocer cómo esas vivencias quedaron grabadas en mi cuerpo, empujando mi energía hacia la periferia, lejos de mi esencia. Descubrí que la memoria no solo carga el dolor, también lo transforma. Hoy, pensarlo desde los colores de un colibrí que dirige sus alas hacia dentro para sostenerse, entiendo que conocerse es un acto profundo de resistencia y libertad traspasando con fuerza lo que verdaderamente duele y hace daño. Desde estas imágenes me permito honrar mi naturaleza, constatando que las sombras ayudan a resignificar todo lo vivido en la fuerza de un nuevo y soñado despertar”.

María José Pérez Londoño. Estudiante de Licenciatura en Bilingüismo con énfasis en inglés (2025-2. Grupo 1. Cátedra de Paz. Docente: Luisa Marulanda Gómez)

“Impotencia. Impotencia es lo que uno siente cuando observa una realidad que duele y, aun así, no puede detenerla. Es esa sensación de tener las manos atadas frente a una historia que no vivimos directamente, pero que igual nos atraviesa. Es mirar la memoria de un país donde muchos no volvieron, y cargar con ese silencio que todavía pesa.

Este fotoperformance nace desde ese sentimiento, pero también desde la empatía y la conciencia. No hablo como víctima sino como alguien que ve, que escucha y que se niega a olvidar. Cada imagen es un acto de memoria, un intento por entender cómo la violencia interrumpe la infancia, debilita el presente y deja un futuro incierto que no promete respuestas”.

Simón Rodríguez Tabares-  Estudiante de Licenciatura en Literatura  y Lengua Castellana.  (2025-2. Grupo 1. Cátedra de Paz. Docente: Luisa Marulanda Gómez)

“En esta serie de fotografías me reconozco atravesado por la violencia que presencié en mi infancia, y que todavía golpean la niñez en el país. En el pasado, recuerdo un hecho que me marcó de por vida: un acto que atentó contra una vida, la escuela y los niños. Esta herida todavía la siento latiendo en las escuelas y dentro de mí.

En el presente sostengo una luz que me acompaña en medio de la oscuridad: la educación y los libros. Me acerco a ellos buscando comprender la complejidad de nuestra nación y sus conflictos. En el futuro espero enfrentar la violencia, pero no con más ferocidad, sino con pensamiento, escucha y crítica. Estas fotografías significan mi forma de recordarle a los demás, y de recordarme a mí mismo, que aún hay un camino que puede transformar el dolor, que nos sana y nos da paz. Ese camino lo construimos todos juntos”.

Maria Valeria Ceballos Arbeláez- Estudiante de Licenciatura en Bilingüismo con énfasis en Inglés. (2025-2. Grupo 4. Cátedra de Paz. Docente: Luisa Marulanda Gómez).

“Decidí realizar este fotoperformance porque necesitaba darle un lugar, un lenguaje y un sentido a experiencias que, durante mucho tiempo, habían permanecido en silencio dentro de mí. Comprendí que la violencia ya sea vivida en lo personal o presenciada en lo colectivo deja marcas que no siempre sabemos nombrar, pero que el cuerpo recuerda incluso cuando la mente intenta pasar de largo. Por eso, la primera fotografía no fue solo una representación del pasado, sino una forma de reconocer que ese hecho violento existió y que dejó una huella real en mi historia. Esto nació de la necesidad de mirar ese pasado desde el presente, de entender cómo lo cargo hoy, cómo lo interpreto y cómo lo resignifico. Descubrí que hacer memoria no es un acto automático, sino un proceso consciente que me permite comprender quién soy a partir de lo vivido. 

En este proyecto busqué representar lo que imagino y deseo para mi futuro: un lugar donde pueda sanar, reconciliarme con mis propias experiencias y caminar hacia adelante sin que el dolor defina lo que viene. Al unir pasado, presente y futuro, comprendí que recordar no es quedarse atrapada en el daño, sino abrir un proceso para comprenderlo, integrarlo y finalmente trascenderlo. Este trabajo se convirtió en una forma de reconocer mi historia, darme voz y proyectar la esperanza de un mañana diferente”.

Angélica Orozco – Estudiante de Ingeniería  Eléctrica. (2025-2. Grupo 3. Cátedra de Paz. Docente:Julio César Murillo García)

Emanuel Parra- Estudiante de Ingeniería  Eléctrica. (2025-2. Grupo 3. Cátedra de Paz. Docente:Julio César Murillo García)

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